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Teatro:
Salomé Autor: Oscar Wilde
Versión: Mauro Armiño
Reparto: Millán Salcedo, Elisa Matilla, María Adánez, Chema León, Álex García, RaúlPrieto, Domingo Cruz, Néstor Lahuerta, Óscar Ortiz de Zárate, Paco Blázquez, David Sánchez, Sergio Sánchez, Toni Márquez, Emilio Gómez y Abdoulaye Dieng.
Coreografía: Víctor Ullate
Música: José Nieto
Director: Miguel Narros
Comentario:
Los Evangelios no mencionan ni siquiera su nombre, sólo la llaman hija de Herodías. Ella es una de las grandes malvadas de la historia, como también lo son la Reina de Saba, Helena de Troya, Cleopatra, Lucrecia Borgia... Su hazaña: pedir a Herodes la cabeza de Juan Bautista en una bandeja.
En esta tragedia brutal y refinada, Salomé encarna, partiendo de la tradición evangélica y la leyenda, a la mujer fatal que desde la Lilith bíblica ha obsesionado al arte y la literatura: cuando pide a su padrastro Herodes la cabeza de Juan el Bautista como premio a su baile lujurioso, Salomé convierte su nombre en metáfora de la belleza destructora y, en manos de Oscar Wilde, en símbolo de independencia y de placer prohibido. Hasta el poeta inglés, la hija de Herodías sólo había obrado para satisfacer el deseo de venganza de su madre, maldecida por el profeta; Wilde es el primero en dotarla de unos sentimientos propios en los que brota, en medio de una inocencia desconcertante, un erotismo refinado, una lascivia que no se detendrá siquiera con la muerte, y que extenderá su apasionamiento hasta la cabeza cortada del Bautista que recibe en una bandeja de plata.
Maldita y prohibida, como su autor, que tuvo noticia del estreno en Francia cuando estaba preso en la cárcel de Reading, y que nunca llegó a verla sobre un escenario, Salomé va más allá del mito del personaje bíblico, Wilde la convierte en símbolo del mal y une su nombre a la lista de mujeres que, por sus deseos turbios y su lujuria, condenaba la historia: desde Eva a Helena de Troya, la reina de Saba, Cleopatra, Lucrecia Borgia, María Estuardo... Salomé simboliza sobre los escenarios la violación de lo sagrado y la necesidad de satisfacer lo que se propone sin importar las consecuencias. |