
Jan Figel, Comisario de Educación de la Unión Europea
|
|
Sólo están en peor situación Malta y Portugal pero, a diferencia de España, estos dos países han progresado. Varios Estados miembros, entre ellos los nórdicos y varios países de la ampliación como República Checa o Lituania, tienen ya una tasa de abandono inferior al 10%.
España está también a la cola por lo que se refiere a la enseñanza secundaria. Los Estados miembros tendrían que conseguir que en 2010 el 85% de los jóvenes entre 20 y 24 años hayan cursado al menos la enseñanza secundaria superior. Entre 2000 y 2004, en el conjunto de la UE se ha avanzado sólo del 76,4% al 76,7%. Pero en España, el porcentaje de jóvenes que ha concluido la enseñanza secundaria retrocedió del 66,2% al 61,8% en el mismo periodo. Por detrás están Malta (47,9%) y Portugal (49%), pero también en este indicador registran importantes progresos. Muchos de los nuevos Estados miembros tienen ya resultados que superan el 85%, y entre ellos, República Checa y Eslovaquia están por encima del 90%.
Igualmente, España empeora en lo que se refiere a los jóvenes de 15 años con dificultades para la lectura, ya que el número aumentó del 16,3% de los estudiantes en 2000 al 21,1% en 2003. En el conjunto de la UE, esta proporción se sitúa en el 19,8%, muy lejos del objetivo del 15,5% que se marcó para 2010. Los peores en este campo son Grecia (con el 25,3% de los jóvenes con problemas de lectura), Eslovaquia (24,9%) o Portugal (22%). Encabezan la clasificación Finlandia (5,7%), Irlanda (11%) y Países Bajos (11,5%).
En la Cumbre de Lisboa de la Unión Europea los gobiernos de los países miembros se propusieron para 2010 reducir a la mitad la tasa de abandono escolar prematuro, con relación a los datos de 2000, para lograr un índice medio no superior al 10%
El Ejecutivo comunitario lanzó un llamamiento a los Estados miembros para que aceleren el ritmo de reformas en sus sistemas de educación y formación, ya que de lo contrario la próxima generación se enfrentará a un mayor riesgo de exclusión social y se verá perjudicada la competitividad de la economía europea.
A pesar de los esfuerzos realizados por la mayoría de los países, el comisario de Educación, Jan Figel, señaló que se han realizado pocos avances en la mejora de la formación de los jóvenes y calificó de "insuficiente" el nivel de inversión pública y privada en educación.
La UE necesita hacer más esfuerzos para aumentar el porcentaje de trabajadores que participan en la formación permanente hasta alcanzar el objetivo del 12,5% en 2010, ya que en 2004 la proporción se elevó a sólo el 9,9%. Las tasas de participación más elevadas corresponden a Suecia (35,8%), Dinamarca (27,6%), Finlandia (24,6%) y Reino Unido (21,2%). España se situó en la parte media de la tabla, pero con sólo el 5,1% de trabajadores en formación continua.
El único objetivo que ya ha cumplido tanto España como la UE es aumentar un 15% el número de diplomados en matemáticas, ciencias y tecnología. Desde 2000, el número de estudiantes de estas materias en los Veinticinco se ha incrementado en 100.000 personas, es decir, un 16%. También hay progresos en la reducción de los desequilibrios entre hombres y mujeres. En España, el crecimiento anual fue superior al 10%, pasando del 65,1% en 2000 al 84,1% en 2004.
Entre 1995 y 2000, el gasto público en educación en porcentaje del PIB disminuyó ligeramente en la UE. Desde 2000, la tendencia es de nuevo al alza a nivel de la UE y también en la mayoría de los Estados miembros. Los datos disponibles demuestran importantes variaciones en el nivel de gastos entre países. Dinamarca y Suecia gastan más del 7,5% de su PIB en educación, mientras que otros, como Grecia o Luxemburgo, consagran a este objetivo menos del 4%. España se mantuvo estancada en el 4,4%.
El Ejecutivo comunitario pidió a los Estados miembros que aceleren el ritmo de reformas y que garanticen que éstas sean al mismo tiempo eficaces y equitativas. También reclama la mejora de la gestión de los sistemas educativos, la puesta en marcha de más mecanismos de control y evaluación de calidad y un mejor uso de los fondos estructurales para formación y educación.
La Comisión adoptó además una recomendación que recoge los conocimientos considerados esenciales que todo ciudadano europeo debería tener para triunfar en una economía y sociedad del conocimiento: comunicación en lengua materna, comunicación en una lengua extranjera, cultura matemática y conocimientos básicos en ciencias y tecnología, cultura numérica, aprender a aprender, competencias sociales y cívicas, espíritu emprendedor y expresión cultural. |