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Intervinieron los ponentes Jaume Funes, María José Díaz-Aguado, Carmen Moya, Javier Elzo y Eusebio Megías.
En las conclusiones del congreso se destacan que los adolescentes españoles se sienten satisfechos de la relación con los padres, aunque creen que “si no hay más comunicación en el seno familiar no es tanto porque los hijos no quieran comunicar, sino porque los padres, a veces, no aciertan a la hora de abordar la comunicación o tienen miedo a abordar el diálogo en profundidad con sus hijos”.
También se reconoce que en los últimos años se ha producido un desplazamiento de la influencia de los agentes sociales tradicionales, como padres, maestros, sacerdotes, etc., hacia otros nuevos, como amigos y parejas. La imagen que los adolescentes tienen de sí mismos se resume en calificativos tales como “consumistas”, “egoístas” o en afirmaciones como que tienen “poco sentido del deber y del sacrificio”, y sólo piensan en el presente”. Asimismo, se perciben “menos autónomos y más dependientes” y no se ven “tan inconformistas, rebeldes o reivindicativos como los adultos les imaginan”.
En cuanto al fenómeno del maltrato entre iguales, en las conclusiones del congreso se apuntan tres causas principales: ausencia de afecto en los primeros años de la vida; la existencia y el uso de violencia física o psicológica en la familia; y falta de un entorno de normas, guías y controles razonables provenientes de los adultos.
Por último, se advierte del riesgo de que aumente el consumo de drogas en la población juvenil, mientras que “existen pocas iniciativas y programas dirigidos a los adolescentes desde el sistema sanitario”.
En la conferencia de clausura, el filósofo José Antonio Marina, dijo que la sociedad debería implicarse en una “conspiración educativa” de los niños, para lo que sería preciso “restaurar primero la colaboración entre la escuela y la familia y revitalizar los centros de enseñanza”.
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