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El Ejecutivo ha de poner en marcha, de forma urgente, los planes que ya el propio Gobierno aprobó. Tienen como objetivo la disminución de los gases de efecto invernadero, con la adopción de estrategias de ahorro y eficiencia energética y con el Plan de Energías Renovables. También debería aprobar otras normas, como el Código Técnico de la Edificación, a la que nos obliga una directiva europea y que tendría que haber estado listo en enero de este año.
España se aleja cada vez más del compromiso adquirido de reducir sus emisiones un 15% en el periodo 2008-2012 respecto a las que había en 1990. En 2004 las emisiones de gases de efecto invernadero se incrementaron en un 45,6% respecto al año de referencia y 2005, a buen seguro, fue aún peor.
Es imprescindible invertir esta tendencia ascendente, máxime, cuando en la última Cumbre del Clima celebrada en Montreal hace dos meses, se firmó un acuerdo de los países que han ratificado el Protocolo de Kioto que garantiza su continuación después de 2012.
Además, todos los asistentes a la Cumbre del Clima –incluido EE.UU. y los países en desarrollo– decidieron comenzar un nuevo diálogo con el objetivo de aunar políticas comunes a favor de la lucha contra el cambio climático.
La Cumbre del Clima, en la que por primera vez se habló de empleo, supuso un impulso para el Protocolo de Kioto ya que se ratificaron todos los mecanismos de funcionamiento del acuerdo, incluidos los de flexibilidad.
En 2005 se prodigaron los fenómenos meteorológicos extremos, que se han cobrado numerosas vidas y han tenido graves consecuencias económicas, sociales y ambientales. Sean o no atribuibles al cambio climático, estos fenómenos sí son un anticipo de lo que podría suceder si no se adoptan medidas urgentes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
El ahorro y la eficiencia energética y la sustitución del uso de combustibles fósiles por las energías renovables son las únicas herramientas para frenar el cambio climático. Un cambio de modelo energético que favorecerá el empleo y la economía de los países desarrollados y en vías de desarrollo. |