linea
 
AGENDA
 
 
 

LIBRO DE LA SEMANA
La creatividad consciente

Ellen J. Langer. Traducción: Òscar Fontrodona
Ediciones Piadós. Barcelona, 2006
Precio: 16 euros

De cómo reinventarse mediante la práctica del arte es el subtítulo de esta obra en la que su autora nos muestra que la creatividad no es un don excepcional con el que sólo han nacido unos pocos, sino que está presente en cada persona. Todos podemos expresar nuestros impulsos creativos –de forma genuina y singular– y, en el proceso, enriquecer nuestras vidas. ¿Por qué tantas personas se conforman con soñar que algún día pintarán, que algún día escribirán, qué algún día harán música?

Ellen Langer nos ayudará a tener fe en nuestras creaciones, no porque sean del gusto de otras personas sino como verdadera expresión de lo que somos.

 
 
 

MÚSICA
Cinco años sin Carlos Cano

Hace 5 años, el 19 de diciembre de 2000, fallecía en la misma tierra que lo viera nacer casi 55 años antes: Carlos Cano. Este granadino universal, neoyorkino de Graná, fue un artista cuya voz inconfundible sembraba sentimientos. Considerado como uno de los máximos exponentes de la canción española y la copla, sus canciones casi siempre estaban cargadas de mensajes sociales y de un profundo rechazo al sistema social establecido.

Con Carlos Cano nace la auténtica canción española, construida sobre las raíces de la copla andaluza. Este es uno de los grandes temas omnipresentes en sus canciones, al igual que la emigración, vinculada a su propia experiencia personal. En ella se palpa la amargura, el dolor, la impotencia y el desarraigo, sentimientos que le embargaron cuando tan sólo tenía 18 años y tuvo que abandonar su ciudad natal para afrontar la soledad en tierra extraña.

En su carrera artística, desde el primer momento, una sola idea ocupó los esfuerzos del cantautor: la defensa de Andalucía. Con este compromiso, comenzó a apoyar a los que pensaban como él desde su trabajo y participa en el despertar político de esta comunidad autónoma.

Son ya cinco años sin él, pero cómo olvidar su Salustiano, la miseria, el baile del abejorro, la morralla, el milagro del Palmar, la murga de los currelantes, la Contraviesa, la canción de los marineros, Andalucía Superstar, la rumba del pai-pai, las crónicas granadinas, las casidas y gacelas lorquianas, el bando, el caso Almería, el pasodoble a Gerald Brenan, el tango de las madres locas, las habaneras de Cádiz (perdón, de Cai), María la portuguesa, el último bolero («este bolero embriagador, madame»)... y, sobre todo, su canto a la 'verde y blanca', no en vano considerado como el himno oficioso de la autonomía andaluza: «Ay, qué bonica verla en el aire, quitando penas, quitando hambres, verde, blanca y verde».

Más información sobre Carlos Cano

 
 
 

TEATRO
"La Celestina"

Autor: Fernando de Rojas
Versión: Michel Gardenaur
Director:
Robert Lepage
Intérpretes: Nuria Espert, Carmen Arévalo, María Fernández Muro, Nuria García, Pep Molina, Nuria Moreno, Roberto Mori, Alejandro Sigüenza, David Selvas, Carmen del valle, Miguel Palenzuela.

Es un montaje que roza la genialidad. Esta puesta en escena está dirigida por el canadiense Robert Lepage, con Nuria Espert en el papel principal. Lo primero que cautiva al espectador es un espacio escénico ciertamente espectacular por la forma de aprovechar los recursos escénicos y de integrarlos en el clima y la tensión dramática. Después la adaptación, a partir de una versión del poeta canadiense Michael Garneau traducida al castellano. En ella Garneau subrayaba los aspectos más actuales de la obra, estableciendo un paralelismo entre la circulación de ideas del siglo XV (la novela se editó en 1493) y el caos moral y la efervescencia de culturas que hay actualmente.

Nuria Espert no duda en afirmar que Lepage y Peter Brook son los mejores directores del momento. Así pues tenemos que la excelente química entre Lepage y Espert ha hecho posible esta joya del teatro clásico, a través de una mirada actual, un remozamiento de la versión original. No se trataba de quitarle el polvo, sino de encontrar resonancias contemporáneas. El resultado es una aproximación muy ligada a nuestro presente, además de innovadora y plena de sensualidad. Hasta tal punto es sensual, que esta versión rescata el sexo a través de situaciones realistas. Escenas de robusta lujuria en las que los personajes se mueven por el sexo de una manera que parece impensable que el año 1493 se pudiera publicar, tener éxito y gustar.

Una Celestina grandilocuente, interpretada de manera excelente por Nuria Espert, que se muestra vital, pragmática y sensual, dedicada a difundir el evangelio del placer carnal, del disfrute de la carne como única salvación ante las tribulaciones. Buscar el placer aunque acabe en tragedia. El resto del elenco, muy adecuados a sus papeles, entienden la propuesta, la sirven y hacen que se superen momentos de evidente falta de ritmo. Asumen a la perfección el texto de la pieza, que se estructura a partir de frases cortas, igual que un poema, con lenguaje directo en el que la energía es fundamental.

Esta es una “Celestina” diferente, como dice Nuria Espert: “Todas las adaptaciones de La Celestina me parecían inacabadas e insuficientes... al coincidir con Robert Lepage descubrí que el personaje de Celestina no tenía nada que ver afortunadamente con anteriores caracterizaciones”. En esta versión Celestina tiene un pasado en el que admiraba a alguien. Según Espert, “Eso me ayudó a desarrollar la violencia necesaria para el papel”.

 
 
 

CINE
"Manderlay" ****

Nacionalidad: Dinamarca, Suecia, Reino Unido, Francia, Alemania y Holanda (2005)
Duración: 139 minutos
Género: Drama
Guión y dirección: Lars von Trier
Fotografía: Anthony Dodmantle
Vestuario: Manon Rasmussen

Intérpretes: Bryce Dallas Howard (Grace), Isaach De Bankole (Timothy), Danny Glover (Wilhelm), Willem Dafoe (Padre de Grace), Michäel Abiteboul (Thomas), Lauren Bacall (Mam), Jean-Marc Barr (Sr. Robinson), Geoffrey Bateman (Bertie), Virgile Bramly (Edward), Dona Croll (Venus), Jeremy Davies (Niels), Udo Kier (Sr. Kirspe) , Chloë Sevigny (Philomena)

Sinopsis: Grace y el gángster de su padre, tras dejar Dogville en el año 1933, con su pequeño ejército de maleantes buscan nuevos cotos de caza. En un último intento para encontrar un lugar adecuado en el que establecerse se dirigen hacia el sur. Por casualidad, en el Estado de Alabama, sus coches se detienen delante de una gran verja cerrada con una cadena y un candado. Al lado de la verja, un imponente roble muerto parece proteger una roca de granito de grandes dimensiones con la palabra Manderlay esculpida en letras enormes. Tras comer y descansar un poco, Grace, su padre y sus hombres están a punto de irse cuando una joven negra corre hacia el coche y golpea con los nudillos la ventanilla de Grace. Sin hacer caso a su padre, que le dice que no hay que meter las narices en los asuntos de los demás, Grace sigue a la chica y entra en Manderlay donde descubre a un grupo de personas que vive en las mismas condiciones de hace setenta años, antes de la abolición de la esclavitud. Grace siente que es su deber compensar a los esclavos por las injusticias que han soportado por parte de los blancos. “Nosotros les trajimos aquí, les usamos y les convertimos en lo que son”, le dice a su padre. Decide, una vez liberada Manderlay, quedarse con ellos hasta después de la primera cosecha. Su padre, muy a pesar suyo, la deja con cuatro secuaces y un abogado, no sin antes advertirle de que él no estará allí para recoger los trozos cuando el bonito plan que debe redimir a Manderlay se haga añicos

Comentario: Hacer cine político sin caer en el dogmatismo o en el simple panfleto es muy difícil; hacer cine político utilizando el medio no como un instrumento ideológico, sino como un aliado ideológico, es aún más difícil. Lars von Trier es uno de los pocos directores contemporáneos que lo consigue. Manderlay es la prolongación natural de Dogville, el segundo jalón de la trilogía América, país de las oportunidades, del danés Lars von Trier. Una vez más, el cineasta hurga en los defectos de la sociedad norteamericano. El planteamiento, nudo, desenlace, actuación, iluminación y escenografía es idéntico al de Dogville. Esta cinta, por tanto, no puede sorprender como lo hizo Dogville , y Von Trier es consciente de ello. Extrema todavía más los elementos escenográficos hasta que el espectador se siente aprisionado en esa gran tarima teatral donde los personajes se mueven como mimos y los espectadores deben imaginarse casas, muebles, jardines y árboles.

Interpretada en esta ocasión por Bryce Dallas Howard, la protagonista resulta muchísimo más inocente y frágil que el mismo personaje incorporado por Nicole Kidman. El choque frontal con la realidad racista es por ello más brutal, aunque menos apasionante en estrictos términos cinematográficos.

Cámara al hombro, se consigue una veracidad de teatro, es decir, una gran cercanía humana, una presencia de los personajes mucho más fuerte que la que consigue la tradicional técnica cinematográfica. Tal vez esta manera de rodar tiene a veces una, al menos una, consecuencia negativa, y es un cierto movimiento un tanto mareante en algunas ocasiones.

Manderlay no logra con todo conectar de pleno emocionalmente con el espectador, al contrario que su predecesora, y en más de una ocasión se tiene la impresión de estar viendo un añadido sin mucho sentido. Aunque bastante buena, no llega al grado de excelencia de su antecesora.

Consultar web oficial

 
 
Federación de Enseñanza de CC.OO.
Secretaría de Comunicación
Plaza Cristino Martos, 4 - 4º 28015 Madrid
Tfo.: 91 540 92 06 - Fax: 91 548 03 20 - Email: tedigital@fe.ccoo.es -Web: www.fe.ccoo.es