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MISCELÁNEA

 
 
Los sindicatos alemanes se oponen a elevar a 67 años la edad de jubilación
 

 

Las dos cámaras legislativas alemanas, el Parlamento Federal (Bundestag) y el Consejo Federal (Bundesrat), tienen previsto aprobar antes de fin de mes la reforma de la ley que eleva de forma progresiva la edad de jubilación de 65 a 67 años.

El Gobierno justifica este recorte con la necesidad de adaptarse a la situación demográfica de Alemania, con una población cada vez más vieja y una disminución de la tasa de natalidad. Los sindicatos argumentan que, con cuatro millones de parados, prolongar la vida laboral incrementa el desempleo y muchos trabajos resultan imposibles por su dureza para los mayores. Al mismo tiempo, las empresas continúan como si nada ocurriese, con sus planes de reducir plantilla enviando asalariados a planes de jubilación anticipada.

El Gobierno de gran coalición entre los democristianos (CDU/CSU) y socialdemócratas (SPD) está a punto de parir una ley que supone un recorte en las prestaciones del generoso Estado del bienestar en Alemania. El incremento de la edad de jubilación es progresivo. Se inicia a razón de un mes más por año a partir de 2012 y está previsto que concluya en 2029. Ese año la edad legal de jubilación será ya de 67 años. La reforma afecta a los nacidos a partir del año 1947 que se jubilarán con 65 años y un mes. A los nacidos en 1964 ya les afectará de lleno el recorte y tendrán que retirarse con 67.

Los que quieran jubilarse, como hasta ahora, a los 65 tendrán que contar con reducciones en su pensión de un 0,3% por mes. Para evitar casos de especial dureza, la reforma prevé que los que hayan cotizado 45 años se puedan jubilar con 65 sin ver reducida su renta mensual. También se tiene en consideración la situación de las mujeres que han criado hijos a razón de 10 años por hijo. Así, una mujer que cotizó 25 años y tuvo dos hijos podrá también jubilarse a los 65. Existen también excepciones para los que padecen alguna forma de invalidez.

Con esta reforma, el Gobierno pretende ahorrar para que las cuotas del seguro de vejez -cantidad que pagan a medias el empresario y el trabajador- se mantengan por debajo del 20% del salario hasta el año 2020 y no rebasen el 22% hasta el 2030.

Los sindicatos ya han iniciado las protestas contra la iniciativa. Esta semana la central de la construcción realizó a las puertas del Reichstag, la sede del Parlamento Federal, una demostración de cómo a los 65 años resulta físicamente imposible construir un entramado para un tejado. Los sindicatos argumentan con la tremenda fuerza de lo fáctico. Hoy día sólo un tercio de los asalariados alcanza la edad de jubilación a los 65 años. La mitad de las empresas alemanas no dan trabajo a una persona por encima de los 50 años y sólo un tercio de los mayores de 55 años tiene un empleo con alta en la seguridad social. En 2005, la media de edad de jubilación en Alemania estaba en 63,2 años.

El presidente de la Confederación Alemana de Sindicatos (DGB), Michael Sommer, sostiene que elevar la edad de jubilación es contraproducente con cuatro millones de parados, porque se impide la creación de puestos de trabajo.

No obstante, el incremento hasta los 67 años no les parece suficiente a algunos. El ministro federal de Economía, el socialcristiano Michael Glos (CSU), declaró al semanario Der Spiegel que la medida es un paso importante para estabilizar los sistemas de seguridad social, pero "no estoy seguro de que no tengamos que elevarlo de nuevo". El Banco Federal alemán considera que "sería un error dar la impresión de que la edad de jubilación a los 67 significa el fin del proceso". El SPD ya ha salido al paso a las declaraciones de su socio de coalición, el ministro Glos, y ha dicho que por ahora ya basta con la subida a 67 años. La mayoría de los alemanes se oponen a la reforma, un 73%, según los sondeos.

La reforma corre el serio peligro de quedar convertida en política-ficción. Apenas pasa un día sin que alguna gran empresa alemana anuncie planes de reducción de plantilla. Anteayer Volkswagen, ayer Telekom y hoy Bayer o el Deutsche Bank. Los planes de reducción de plantilla van siempre acompañados de medidas sociales para evitar los despidos forzosos. Esas medidas son siempre las mismas: no cubrir las vacantes, indemnizaciones y jubilaciones anticipadas. Cuando en la pasada primavera Volkswagen anunció reducción de empleo con jubilaciones anticipadas, un directivo del consorcio dialogaba con los periodistas en torno a una copa. A la pregunta de cómo se compaginaban las jubilaciones anticipadas con la nueva legislación para elevar la edad de jubilación, el alto ejecutivo sonrió y dijo: "Ésa es la pregunta del millón".

LA REFORMA, A PARTIR DE 2012

- La subida de la edad de jubilación comenzará en 2012 y concluirá en 2029
- Los nacidos en 1947 se retirarán con 65 años y un mes; los de 1948, con 65 y dos meses, y así sucesivamente
- El Gobierno de gran coalición pretende adaptarse a la situación demográfica alemana
- Los sindicatos responden que la medida traerá más desempleo a un país con cuatro millones de parados.

JOSÉ COMAS
El Pais

 

El Gobierno gastará más de 105 millones anuales en pensiones para "viudos de hecho"

 

educacion@fundaciontriangulo.es

 

Los cambios en la composición de los hogares no dejarán invariable la hucha de la Seguridad Social. Cuando entre en vigor el proyecto de ley que modifica esta materia, en tramitación parlamentaria, el paraguas de las pensiones de viudedad cubrirá también a las 600.000 parejas de hecho que hay en España. Los nuevos inquilinos supondrán un coste para el Estado de al menos 104 millones de euros anuales.

Ésta es una de las novedades estrella que recoge el texto que el pasado diciembre suscribieron los agentes sociales, y que aprobó el Consejo de Ministros, en diciembre.

A pesar de que sólo un 6% de las cerca de diez millones de parejas en España son de hecho los datos del INE referidos al censo de 2001 (última cifra disponible) reflejan que esta modalidad de convivencia está en auge. Así, en la última década, se multiplicaron por 2,5, por lo que 1,2 millones de españoles es miembro de una de estas parejas no casadas.

De este colectivo, 57.000 son viudos. Y de ellos, 20.441 tienen menos de 54 años, un grupo al que, de acuerdo con el cuadro de las cuantías mínimas de las pensiones del Sistema de la Seguridad Social, aprobado en los Presupuestos Generales de 2007, el Estado ha de garantizar un mínimo de 5.134,36 euros anuales en concepto de pensión (esta cantidad se extiende legalmente a los menores de 60, pero las horquillas de edad que maneja el INE no permite cuantificarlos, al situarlos en la categoría de “55 a 64 años”). Sólo teniendo en cuenta a este colectivo, la factura asciende a 104,9 millones de euros.

Los requisitos que deberán cumplir los potenciales beneficiarios son similares a los que se exigen a los cónyuges. El más básico: que la persona difunta hubiese completado un periodo de cotización de quinientos días, en los cinco años anteriores al fallecimiento, excepto si la causa de la muerte es un accidente, laboral o no, o una enfermedad profesional, circunstancias para las que no se exige ningún día trabajado. Aparte, las parejas de hecho tienen que acreditar una convivencia ininterrumpida de cinco años, mediante “inscripción en el Registro específico de las comunidades o ayuntamientos” o un “hijo en común”.

Sólo si se tiene en cuenta el criterio de antigüedad, los viudos censados en 2001, correctamente registrados, están en condiciones de recibir el subsidio por viudedad. Además, quienes no cuenten con este aval -la norma sólo exige tenerlo “dos años antes” de la muerte de la pareja- podrán atestiguar el resto de años de vida en común “mediante otros procedimientos legales, tales como facturas comunes, testigos o compras conjuntas”, según apunta Mª Eugenia Guzmán, jurista de Cuatrecasas.

La pensión abarca a los viudos con ganancias inferiores al 50% de la suma de los ingresos propios y del fallecido. Y del 25%, en el caso de que no tengan hijos comunes con derecho a subsidio de orfandad –aunque, según el INE, prácticamente la mitad de las parejas de hecho, tiene al menos un hijo–. Asimismo, alcanza a quienes tengan ingresos inferiores a 1,5 veces el importe del salario mínimo interprofesional.

Pero el pellizco a la Seguridad Social no acaba ahí. La futura ley también asimila a las parejas de hecho con los matrimonios en cuanto al derecho a una “pensión temporal”, que garantiza un subsidio, durante dos años, a quienes no tengan hijos ni documento alguno que avale su relación (la medida supone un desembolso de 10.000 euros por persona); el auxilio por defunción (una aportación simbólica de 30 euros para sufragar los costes del sepelio) y las indemnizaciones en caso de muerte por accidente de trabajo o enfermedad profesional, que deberá concretarse mediante Reglamento.

María Tejo
Expansion

 
 
La OIT establece que el estrés provoca pérdidas económicas entre el 0,5% y el 3,5% del PIB de un país
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El modelo económico de desarrollo español se basa en la creencia de que cuantas más horas dediquen los trabajadores a su profesión mayor será la productividad cosechada por las empresas. Sin embargo, los expertos coinciden en que se trata de un planteamiento equivocado: la productividad española sólo ha crecido un 0,9% en la última década, y ya se encuentra 16 puntos por debajo de la media de la UE de los Quince, según la OCDE. Aunque intervienen otros factores, como el auge del empleo de baja calidad y la inmigración, está demostrado que las compañías que saben organizarse para que sus empleados concilien vida personal y laboral son las que obtienen mayores ratios de eficiencia. La satisfacción de las personas es imprescindible para su pleno rendimiento.

Los expertos en filosofía y psicología laboral lo vienen diciendo desde hace tiempo: "En el equilibrio se encuentra la virtud", lo que se traduce en "ocho horas para trabajar, ocho para descansar y otras ocho para vivir, que al fin y al cabo es para lo que estamos aquí", afirman con rotundidad. A pesar de la simplicidad de esta ecuación, "en demasiadas ocasiones las necesidades y los objetivos de las empresas sepultan el deseo de conciliación de la gran mayoría de personas que trabajan para ellas", añaden estos especialistas en management.

Este desequilibrio se agrava todavía más en el caso de España, el quinto país del mundo donde más horas pasan los profesionales en su puesto de trabajo (1.780 de media durante 2006, según The economist). Lo cierto es que, el año pasado, el 15% de la población activa dedicó más de 50 horas semanales a su función profesional, sin contar las horas extra, el tiempo destinado a comer o los desplazamientos in itínere, según una encuesta elaborada por el portal de Internet Monster, especializado en ofertas de empleo. La mitad de los profesionales trabajó más de 40 horas; el 25%, entre 25 y 40 horas, y el 10% restante, menos de 25 horas.

Pero estar en el trabajo no es lo mismo que estar trabajando. "A diferencia de los países anglosajones o del norte de Europa, donde prevalece la dirección por objetivos, la cultura empresarial española todavía premia la presencia física de los empleados en el lugar de trabajo", explica Alfredo Pastor, profesor de Economía del IESE. A su juicio, "la jornada laboral de muchos españoles es rígida y absurda", puesto que "genera que se pierda mucho tiempo y energía en cuestiones que nada tienen que ver con la productividad", como, por ejemplo, "las largas y redundantes reuniones o las copiosas comidas, ¡que a veces duran casi tres horas!".
Desconfianza laboral

En muchos ambientes laborales, lamenta Pastor, se suele "mirar con mala cara a quien decide salir a la hora que estipula su contrato o cuando simplemente ha concluido con sus obligaciones del día". De hecho, continúa, "no se confía en los trabajadores ni se les da la oportunidad de hacerles responsables de sus respectivos cometidos", con lo que "constantemente se les niega la posibilidad de demostrar lo que pueden llegar a hacer por la empresa".

Todo ello provoca que el estrés forme parte de la rutina laboral de, como mínimo, el 30% de los trabajadores, según varios informes de consultoras de recursos humanos. "La falta de descanso y el exceso de tensión genera que en los ambientes laborales prevalezca la irritabilidad y la impaciencia", afirma la profesora de comportamiento organizacional en el Instituto de Empresa, Pino Bethencourt, socia directora de la consultora Bethencourt Strategic Development, especializada en estrategia emocional.

Con el paso del tiempo, añade, "esta ansiedad también provoca que los individuos se encierren en su propia percepción subjetiva, que les hace interactuar con los demás de una manera egocéntrica y negativa". De esta forma, "las empresas pierden el valor añadido que les debería generar su capital humano, lo que merma sus índices de productividad", sostiene.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), por su parte, establece que el estrés provoca una pérdida económica entre el 0,5% y el 3,5% del PIB de un país. Pero "el poder para cambiar esta situación reside, sobre todo, en manos de los directivos, que son los primeros que menos concilian", concluye Bethencourt.

En orden a fomentar el equilibrio necesario para que las empresas consigan mejorar sus resultados sin necesidad de explotar a sus trabajadores, la Fundación + Familia concede desde el año pasado el certificado de Empresa Familiarmente Responsable, apoyado por el Ministerio de Trabajo. Su director, Roberto Martínez, apunta que están luchando para que la conciliación sea lo que es: "Un derecho fundamental y no un privilegio".

Entre la veintena de compañías que cuentan con este sello de excelencia empresarial destaca el grupo asesor de marketing David Rey, que después de dos años de andadura profesional ya cuenta con 12 empleados y una facturación superior al millón de euros. Su director, David Rey, constituyó esta compañía después de sufrir en su propia piel las consecuencias negativas de la no conciliación durante 10 años. "Podemos pasarnos toda la vida fingiendo que el trabajo es lo primero, pero llega un día que la vida te pasa factura", advierte. "Lo importante no son los triunfos externos", concluye Rey, "sino cómo te sientes por dentro".
Más salud y menos fármacos

"Las personas que trabajan más de 10 horas al día pueden estar poniendo en riesgo su salud, aunque no perciban conscientemente el estrés que se va acumulando en su organismo", explica Valentí Valls, médico adjunto y cardiólogo del hospital Clínico de Barcelona.

Lo cierto es que "el estrés crónico afecta tanto física como psíquicamente y suele desencadenar crisis de ansiedad, anginas de pecho e infartos", afirma Valls. Para combatir estas enfermedades, los afectados recurren cada vez más al uso de fármacos. Así, en el año 2003 se consumieron 1.118 millones de unidades, el 40% de los cuales tenían como fin curar el aparato cardio-vascular y el sistema nervioso, según datos del Ministerio de Trabajo.

"La falta de equilibrio entre vida personal y laboral también promueve hábitos insanos, como fumar, beber o no practicar deporte", señala. En estos casos, "la mal llamada curva de la felicidad es una consecuencia clara de insatisfacción".

BORJA VILASECA
El Pais

 
 
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