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Entrevistamos a JULIA VARELA
Catedrática de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid
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– ¿Qué le parecen los vaivenes legales por los que ha pasado el sistema educativo en los últimos años?
– Hay una evidente falta de serie de a la hora de abordar los problemas importantes de la educación porque se atiende principalmente al electoralismo. Pese a los avances, el rodaje de nuestra democracia todavía no está a pleno rendimiento. No nos tomamos en serio muchas cosas, lo que se traduce en un periodo de interinidad o de provisionalidad permanente que te impide trabajar con suficiente rigor y seriedad. No parece que hemos evolucionado en la dirección de facilitar las cosas, de hacerlas funcionar mejor. Cada vez está todo más burocratizado, por lo menos así ocurre en la universidad.
– ¿Hay alguna manera de que los escolares, que por regla general conocen bastante bien las nuevas tecnologías, se impliquen en la educación?
– A pesar de los cambios sociales y de la poderosa influencia de las nuevas tecnologías en los niños y adolescentes, es indudable que hay formas y formas de estimular a los estudiantes, sobre todo si participan.
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Hay muchos docentes que tienen problemas con las nuevas tecnologías, por lo que sería una buena idea que alguno de los alumnos que estén más familiarizados con éstas las utilicen para buscar materiales, para confeccionarlos, etc. De esta forma podrían participar de manera efectiva en la enseñanza. No entiendo por qué los profesores van a tener que saberlo todo. Su principal labor es orientar el aprendizaje de los estudiantes y concretar lo que tienen que aprender.
– ¿Es verdad que la LOGSE fracasó en parte por falta de presupuesto?
– Las leyes no son suficientes para hacer una reforma y menos si no hay un presupuesto suficiente para que se apliquen. No hubo preparación para esa reforma, no se celebraron debates. Por lo que conozco, sobre todo profesores de enseñanza media de aquella época, no se explicó bien la reforma, aunque había una parte importante del profesorado que quería una reforma. Luego vinieron los Centros de Profesores, pero en éstos se encontraba la vanguardia. Hubiese merecido la pena hacer un esfuerzo, porque si los que van aplicar la reforma no están a favor, será muy difícil aplicarla. Si se hace una reforma desde arriba y la voluntad política no se dio en la medida en que no se habilitó un presupuesto para implantarla. Tampoco había mucha sensibilidad ante la extensión de la enseñanza obligatoria a los 16 años, incluso por parte de algunos asesores del ministro Maravall. Todo eso confluyó para que esa reforma no cuajara.
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