El hecho de que muchas de las colecciones de libros para niños y niñas lleven su recomendación de edad no debiera ser nuestro único criterio. Son cifras aproximativas que no hay que tomar al pie de la letra. Lo ideal sería adecuar el texto literario a la competencia lingüística y literaria de cada niño y niña, ofrecer libros variados en estilos y temáticas, comportarnos con los libros como lo hacemos con los alimentos: comer de todo un poco y bueno.
– ¿Qué se puede hacer desde la escuela para enganchar a los estudiantes a la lectura, de modo que se convierta para ellos en un hábito?
– Creo que tan importante como crear el hábito de la lectura es lograr que nuestros escolares unan lectura con placer, con distensión, con goce… de ello se derivaría, más tarde, el hábito de leer, cuando han tenido la experiencia gratificadora de la lectura. ¿Cómo lograr esto en un ámbito como la escuela? A mi parecer, tendríamos que plantearnos algunas lecturas obligatorias, bien seleccionadas y comentadas, pero sin olvidar ofrecer espacio y tiempo para lecturas libres, sin ningún tipo de tareas asociadas a ellas, fomentar el comentario en grupo de los libros, leer en voz alta textos atractivos… considerar la literatura como lo que es: un espacio de libertad, formación y –por qué no– diversión.
– ¿De qué manera se puede recuperar a los escolares que al llegar a la adolescencia dejan de leer?
– El abandono de la lectura por parte de los lectores es una cuestión muy compleja y generalizada. Sigo pensando que si fomentáramos más la lectura libre, los espacios de comentarios, debates y crítica de lo que han leído en grupo, las recomendaciones de unos a otros fomentando el espíritu crítico, ayudaríamos a los adolescentes a tener esa experiencia literaria que consiste en el encuentro íntimo y emocionante de un libro que nos forma o nos deforma, nos emociona y pasa a ser parte de nuestra biografía. Hay algunos especialistas en la cuestión que han señalado la importancia de no abandonar la narración oral tan pronto como nuestros escolares tienen competencia lingüística, que escuchar historias o leer textos en voz alta no es exclusivo de las etapas de Educación Infantil…