Pues no es así. Y, sobre todo, habrá que trabajar colegiadamente con el fin de mejorar lo que ya se está haciendo. Digo colegiadamente porque el problema es simplificar interesadamente las causas del fracaso o de las limitaciones.
– ¿Están justificadas las quejas del profesorado según las cuales los estudiantes no tienen interés en aprender lo que se les enseña en los centros?
– Acabo de leer un excelente libro de Ken Bain titulado “Lo que hacen los mejores profesores universitarios”. Se trata de una investigación sobre lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen 63 profesores considerados excepcionales. Me han llamado la atención muchas cosas del libro. Una de ellas es que estos profesionales de la docencia “nunca achacan a sus alumnos las dificultades que encuentran en el aprendizaje”. Casi nada.
Es cierto que el verbo aprender, como el verbo amar, no se pueden conjugar en imperativo. Es decir, que sólo aprende el que quiere. Lo importante será apañárselas para despertar el amor por el aprendizaje y crear un contexto en el que sea posible hacerlo. Y en ese sentido nos vendrán bien las preguntas más que las afirmaciones desalentadoras: ¿Lo que estudian tiene interés?, ¿creamos un clima favorable para el aprendizaje?, ¿trabajamos con métodos adecuados?, ¿tenemos buenas relaciones con el alumnado?, ¿existe coordinación en el diseño y el desarrollo del currículo?, ¿evaluamos de manera racional…?
Nadie ha dicho que el esfuerzo no sea necesario y que la voluntad no sea imprescindible para el aprendizaje y para la vida. Pero es muy importante que los alumnos y alumnas vean que eso que tienen que hacer merece la pena. Que el esfuerzo que exige es razonable.
– ¿Qué propuestas hace para la prevención de la violencia escolar en los centros? ¿Qué papel desempeña la familia?
– Hay que calibrar en primer lugar qué es lo que entendemos por violencia y qué diagnóstico hacemos de la situación en los centros. No me gusta la “cultura de los titulares de prensa”. Cuando se diagnostica mal un problema es fácil que la solución que se busca sea inútil o contraproducente.
No se puede olvidar que la escuela es una institución educativa, no coercitiva. Una de las finalidades fundamentales de la escuela es enseñar a convivir. Si solamente nos centramos en los conflictos ni siquiera veremos que algunos conflictos son buenos e, incluso, necesarios. En ningún sitio hay más paz que en los cementerios.
Si se pretende poner fin a los conflictos mediante la vigilancia, la amenaza y los castigos (suponiendo que así se consiguiera el orden), la pregunta básica seguiría en pie: ¿Han aprendido a convivir cuando no tengan vigilancia, amenaza y castigos?
¿No sería más razonable aumentar la participación, la motivación, la inclusión y los procesos de negociación que convierten en protagonistas a los alumnos y alumnas? ¿No sería más positivo hacer surgir la disciplina de la voluntad más que del castigo?
Por otra parte, sin la familia es imposible avanzar en la buena dirección.