– A nadie le gusta hacer cosas que se le dan mal, y a esa edad muchos alumnos se han percatado, después de ocho o diez años de escolarización, de que aprender les cuesta mucho y no les gusta sentirse obligados a ello. Sin embargo, insistimos en negar esta realidad, hasta el punto de que se plantean las leyes y las políticas educativas como si no existiera. Puesto que estos alumnos deben estar en el sistema educativo hasta los 16 años, lo que se debe hacer es adaptar la organización escolar a sus necesidades. No se debería rechazar ningún modelo, como por ejemplo el que contempla la dotación a determinados centros de un personal especializado que se ocupe de la educación o de la disciplina. Tampoco se debe rechazar que las enseñanzas que reciben los alumnos sean distintas, adaptadas a sus capacidades. Es falso que este modelo sea clasista y que favorezca a los estudiantes de familias ricas.
– ¿Qué le parece la propuesta de los itinerarios formativos?
– La diversidad curricular en la pubertad ha sido objeto de un feroz debate ideológico, como se vio en la polémica acerca de los itinerarios en la LOCE [la ley educativa que se promulgó bajo el último Gobierno del PP y derogada por el Gobierno del PSOE], y que en mi opinión no tenía ni pies ni cabeza. A mi entender fue un error unificar el curriculum hasta los 16 años. Si se pensaba que el currículum de FP era inferior al de BUP, lo lógico no era suprimirlo, sino elevar el nivel de los alumnos hasta que nadie lo eligiera. El caso es que como resultado de la unificación, luego hemos tenido que diversificar, y el resultado ha venido a ser el mismo. Las adaptaciones organizativas deberían aplicarse sin prejuicio ideológico de ningún tipo, según el criterio de los centros, sin imponer itinerarios ni prohibirlos.