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Entrevistamos a LUIS ARANCIBIA
Director adjunto de la Fundación Entreculturas
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¿Qué compromisos tiene la institución que usted representa con la SAME?

Entreculturas coordina la Coalición Española de la Campaña mundial por la Educación, de la que forman parte Ayuda en Acción, Educación Sin Fronteras e Intermón Oxfam. Por esta razón, el compromiso de la institución es claro, ya que la SAME es la principal actividad de movilización social de la Campaña.

Nosotros estamos convencidos de que la responsabilidad de conseguir los compromisos de Dakar no es sólo de los gobiernos, sino de toda la sociedad en su conjunto. Es clave incentivar socialmente la prioridad por la educación y concienciar a la sociedad del Sur y del Norte de que la educación es un instrumento muy potente en la lucha contra la pobreza y en el desarrollo, porque abre la puerta al ejercicio de los demás derechos humanos.

Por eso, uno de nuestros objetivos es promover esta sensibilización y facilitar cauces de participación y movilización ciudadana, que reivindique el compromiso por parte de los gobiernos y la comunidad internacional con el fin de cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los objetivos asumidos en Dakar. Para ello, la principal actividad se desarrolla en torno a la SAME.

Además, yo destacaría que esta iniciativa se convierte en una excusa fantástica para que organizaciones de muy distinto tipo que compartimos algunos principios y objetivos trabajemos juntos, lo que creo que es muy valioso.

La participación de Entreculturas en la SAME se concreta en diferentes ciudades españolas en las que se participa activamente en la preparación y organización. Además animamos y apoyamos a que la redes educativas de América Latina con las que trabajamos, en especial Fe y Alegría de la que formamos parte, se impliquen activamente en la SAME en sus respectivos países.

¿Qué indicadores habría que mejorar en la educación mundial?

El primer reto sería continuar los avances que ya se han producido en el acceso a educación primaria y en los programas de alfabetización, ya que a pesar de los avances, todavía hay 75 millones de niños y niñas en el mundo que no están escolarizados y 774 millones de personas adultas carecen de competencias básicas de lectura, escritura y cálculo, de las cuales, el 64% son mujeres. Además, es necesaria una visión amplia y global del proceso educativo en sus distintas etapas y dimensiones, un proceso a lo largo y ancho de toda la vida. Desde una visión del continuo educativo, creemos que la educación inicial, la secundaria básica y la formación técnica y profesional deberían ser reforzadas.

Pero después aparece un segundo nivel de retos que tiene que ver con la calidad de la educación que esos niños y niñas van a poder acceder. No queremos una pobre educación para los pobres, queremos contribuir a ofrecer una educación de calidad para los que menos oportunidades tienen. Es muy importante que quien no vaya a la escuela vaya, pero, quizás, si hacerlo significa ir uno o dos años, dos horas al día, en una escuela que en realidad no lo es, sin ningún medio adecuado y con un profesor no formado, aunque es mejor que no ir, no deja de ser totalmente insuficiente para cumplir con el espíritu de los compromisos adquiridos.

Además, dentro de la calidad, el primer punto que se aborda es evitar el abandono del sistema educativo antes de tiempo. Por tanto, el objetivo ya no sería sólo que los niños y niñas puedan ir a clase, sino que terminen la educación primaria al menos. Y en eso sí que estamos mucho más atrasados.

 
 
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