802.800 nuevas personas han ido al paro en el primer trimestre... unos 8.000 despidos diarios. Cifras hace un año impensables. Impresionantes datos que nos sobrecogen y que afectan a la construcción y a otros sectores como la industria o los servicios.
Urge un respuesta que frene en un tiempo razonable esta injusticia social. Más allá del contexto externo, hay que responder y actuar.
Por encima de intereses políticos o económicos ajenos al interés nacional, de mensajes interesados, de cortinas de humo y oportunismos, se impone la exigencia de una repuesta y el ejercicio del liderazgo. Porque toca afianzar aspectos importantes (macroeconómicos y sociales), pactar otro futuro posible. Si no es así y no hay giro hacia los grandes acuerdos, el deterioro institucional y el social están a la vuelta de la esquina.
Ahora más que nunca es exigble la acción inmediata, responsable y justa de los poderes públicos. En tanto, se sigue apoyando a las víctimas, no sólo con palabras. A quienes ven negados sus derechos constitucionales (trabajo o vivienda dignos) hay que apoyarles con subsidios y con formación. Pese al déficit, no cabe recortar más derechos ni prestaciones, sería intolerable. Por eso este 1º de mayo la voz de los trabajadores se va a hacer oír en la calle para que, en tanto se pacten soluciones, se mantenga el nivel de protección social y el empleo de calidad. Vamos a volver a exigir que el dinero público se invierta más y mejor, a donde más falta hace, como por ejemplo en Educación y Formación que son sólidos aliados para alumbrar un futuro mejor.
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