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Entrevistamos a LUIS GARCÍA MONTERO / Poesta y ensayista
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Se habla de la necesidad de un pacto social en la educación, pero no parece que sobren ideas.

La defensa de un pacto social por la educación parte de la necesidad de evitar que se halle a merced de cambios de gobiernos o de coyunturas. De todos modos, la idea del pacto social está en los orígenes de la modernidad. Una de las ventajas del pacto es que compromete a los firmantes. Sin embargo, ahora estamos viviendo una nueva versión del organicismo económico, donde parece que los individuos pueden participar o quedarse al margen de las leyes establecidas por el mercado. Por ello, el contrato pedagógico más que crear individuos para consumir, para el mercado, incide en la formación del ciudadano y no sólo del empleado, del contribuyente, del cliente o del consumidor.

¿No crees el problema del fracaso escolar responde a una cuestión de mentalidad?

Esto me recuerda a una película documental sobre el Pozo del Tío Raimundo, de Vicente Córdoba, que vi hace dos meses, y en la que se cuenta cómo la gente emigrante, que llegaba desde el analfabetismo rural para ganarse la vida en Madrid, descubrieron que su prioridad era educarse. Después de diez horas de trabajo diarias aprovechaban para acudir a la escuela y aprender. Ahora entre los nietos de esos luchadores hay un índice de fracaso escolar radical porque no les interesa estudiar en absoluto porque pueden entrar a trabajar en cualquier sitio.

En España se ha sufrido un fuerte cambio antropológico que va más allá del cambio político. Es un cambio de educación sentimental. Hemos pasado de un país marcado por la pobreza y el subdesarrollo a otro instalado en el capitalismo avanzado. Ese cambio brusco en tan pocos años ha producido desarreglos en la mentalidad de le gente. De ahí que ahora los chicos se pregunten para qué estudiar cuando sus abuelos analfabetos se esmeraban para aprender.

¿Qué opinas de la escasa presencia de la enseñanza de la literatura en la enseñanza obligatoria?

Desgraciadamente la literatura ha desaparecido de los planes de estudio de la enseñanza obligatoria. Ahora se estudia una asignatura que se llama Lengua y Literatura, de modo que el trabajo de los profesores se centra casi exclusivamente en la enseñanza de la lengua y apenas queda espacio para la literatura. Es preciso abrir un debate sobre este asunto. ¿De qué sirve que el Estado se esfuerce por promocionar la lectura si no se apoya a los profesores de literatura en los colegios e institutos? Se trata de que los chicos aprendan a leer y que conozcan la literatura aquéllos que luego no vayan a estudiarla porque elijan otros estudios. El hecho literario es un contrato entre el autor y el lector; el autor crea la cita, el lector acude a ella. El ejercicio de la lectura es muy participativo, por lo que debe tener un peso fundamental en la formación de los niños y jóvenes.

 
 
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