Está de moda rasgarse las vestiduras ante el estado de la educación del país, aunque si de todo lo malo que sucede el culpable es nuestro nivel educativo general, por la misma razón, podríamos decir que tenemos un Estado moderno, un país que ha progresado mucho en las últimas décadas gracias al sistema educativo.
Mucho hay que mejorar, en lo estructural y en lo coyuntural. La calidad y la excelencia precisan atender factores coyunturales que, por ser menos conocidos por el público, no dejan de mermar la calidad educativa. Tal es el caso de las bajas docentes, porque si queremos mejorar la calidad docente, el alumnado no puede sentirse desasistido, o incluso "perdido", con el cambio de profesor o profesora. Las bajas siguen tardando demasiado tiempo en cubrirse y, a menudo, se produce un cierto abuso cuando el sustituto ha de impartir una asignatura distinta a su propia especialidad.
El modelo para cubrir bajas laborales es similar en todas las Comunidades Autónomas, aunque suele ocurrir que las bajas docentes se cubren atendiendo a una especie de reparto de materias afines. Esto, a veces, es inevitable pero convendría no abusar. La afinidad debe ser muy puntual, no una práctica generalizada; pero, presupuestariamente hablando, no está el horno para bollos y, junto al racaneo para hacer las sustituciones, la calidad de las sustituciones puede verse afectada.
En CCOO creemos que una mala política en las bajas fomentará el desinterés del alumno y peores resultados escolares, que no será posible compensar tirando de exhaustas chequeras públicas. Esto puede ser especialmente grave, por obvios intereses comerciales, en la enseñanza privada.
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