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EDUCACIÓN INTERCULTURAL E IGUALDAD
Partiendo del reto de construir una sociedad intercultural a partir de una sociedad multicultural diversa, tenemos que señalar que existe un consenso general (Aguado ,1991; Carbonell, 1997; Tuvilla,1998...) por parte de los expertos en distinguir el término intercultural del término multicultural. Como ha sido señalado nos referimos al término multicultural para describir una situación de hecho, esto es, la de una sociedad en la que conviven distintos grupos culturales con sistemas de referencias distintos, con valores , normas y costumbres diversos. Y utilizamos el término interculturalidad para referirnos al diálogo, la interdependencia, la ósmosis entre esos grupos, describiendo una acción, un método de intervención. Así la acepción educación multicultural expresa actitudes diversas aunque todas desde una visión estática de las culturas, sin opción de transferencias recíprocas. Ello, en palabras de Carbonell, podría comprender también una pedagogía forzosa, de rechazo , ya que expresa una realidad conservacionista, incluso aislacionista, que promueve tipos de educación específica para los grupos diferenciados culturalmente. Xavier Besalú (2002) afirma “ en realidad el concepto de libertad de enseñanza, entendido tanto como una opción de las familias que eligen para sus hijos la institución educativa más acorde con sus convicciones religiosas, linguísticas o culturales, como la posibilidad de creación de instituciones educativas con idearios y proyectos culturales distintos, es un verdadero germen de multiculturalismo en sociedades que se tienen por monoculturales. Esta misma lógica abona la existencia de escuelas coránicas o budistas o de escuelas euskaldunas, bereberes, alemanas o mandingas”. Así pues observamos que la educación multicultural compromete una serie de temas candentes y más cercanos de lo que creemos. El asunto del laicismo como lugar común también estaría implicado.
Tomado del entorno europeo (francés, fundamentalmente) la educación cultural o interculturalismo reconoce el pluralismo cultural y el respeto por las culturas en un proceso educativo dinámico de construcción de una sociedad justa y democrática. No es fácil. Rechazar el aislamiento y resaltar lo heterogéneo crea conflictos. Relativizar la propia cultura, defender la diversidad en la búsqueda de espacios comunes, dialogar a partir de la reflexión de los distintos parámetros culturales es la gigantesca tarea que se propone desde la educación intercultural resaltando la autonomía personal (sapere aude!) y abundando en esa autonomía como elemento común crítico.
Aurora Bernal ha señalado que el análisis intercultural insiste en la reciprocidad, en el esfuerzo de todos y no sólo de un grupo, para aprender a convivir ya que la educación intercultural va pareja de la teoría política que asume el pluralismo cultural y que se manifiesta, por ejemplo, en la aceptación de distintas lenguas y en la obligación de promover la participación de todos para construir una sociedad que permita iguales derechos y políticas de equidad. La educación intercultural guarda, así, una estrecha relación con los valores morales comunes, proponiendo como punto de acuerdo los derechos humanos.
En este contexto no se puede dejar al margen la revisión crítica del concepto de integración. Situados en la línea marcada por Carbonell que parte de las refutaciones a los planteamientos de Sartori o Azurmendi se deja claro que el objetivo fundamental de la educación intercultural es la igualdad. A menudo se utiliza la diversidad como excusa para mantener la marginación social. Somos más iguales que diferentes y , por tanto el problema educativo que se presenta no es tanto educar para la tolerancia como para el reparto equitativo de recursos y posibilidades.
Ello lo corroboran las investigaciones de Tribalat, en Francia, o los de Teresa San Román , quien estudiando grupos de jóvenes gitanos se dio cuenta de que se daban mayores comportamientos disociales en los grupos más aculturados, más apayados debido a una aculturación sin integración social. Esos jóvenes no respetaban las normas de la cultura gitana ni aceptaban las de los payos porque el fracaso de las relaciones de inserción social les habían conducido a la anomia.
Parece obvio que si la igualdad y la diversidad son fundamentales hace falta un trabajo serio en el campo de la ética y de los valores, dialogando sobre las estructuras ideológicas aceptadas (la tradición, la herencia, el “siempre ha sido así “, “lo dice el libro de” ) y ello nos situa en la necesidad de un cambio curricular y su aplicación en el aula.
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