Resumen de la Ponencia
"LAS MUJERES Y EL LENGUAJE: UN AMOR NO CORRESPONDIDO"
M. CARMEN HEREDERO
Se parte de la existencia de una realidad discriminada para las mujeres, a partir de datos en relación con el desigual reparto del trabajo según los sexos, la escasa presencia de las mujeres en los ámbitos públicos... para señalar que una sociedad que discrimina a las mujeres tiene un lenguaje que expresa esa discriminación.
Tras la exposición de las diferentes teorías sobre la relación entre el lenguaje y la realidad, la diferencia entre lengua y habla o la arbitrariedad del signo lingüístico, se pasa a analizar diversos aspectos del lenguaje, con el objetivo de descubrir en qué medida éste refleja sexismo y qué tipo de alternativas son viables.
En primer lugar, parece probada la existencia de sexolectos . El estereotipo de habla de las mujeres o feminolecto contiene más adjetivación, más diminutivos, más fórmulas de cortesía, rehuida, por lo general, de términos soeces, cesión con mayor facilidad del turno de palabra... Las mujeres utilizan más que los hombres las interrogativas formales, más frecuentemente dan las órdenes en forma de ruegos, tienen una gama más amplia de modelos de entonación...
En segundo lugar, el lenguaje discrimina a las mujeres. Históricamente, la literatura popular nos da muestras de ese hecho: muchos de los refranes españoles toman como motivo al sexo femenino y las características que nos muestran de las mujeres son las de debilidad, indecisión, falta de inteligencia, tendencia a equivocarse, maldad natural... Por el contrario, lo que se pide de ellas es docilidad, obediencia, dulzura, fidelidad, honestidad, laboriosidad y prudencia. Se les niega la capacidad de decisión y se previene al varón de la mala influencia que puede ejercer la mujer sobre él.
El romancero presenta a la mujer como virgen y casta, esposa y madre abnegada. El varón es el héroe que consigue devolver a la comunidad a su estado armónico primitivo. La doncella no actúa, sólo espera, es un motivo literario, el pretexto para que el caballero demuestre su arrojo y valía. Y, en general, en la cuentística popular, de la misma manera, se ejemplifica la mujer buena con los valores positivos que la sociedad ha impuesto al sexo femenino. Un rol subalterno y dependiente de los varones.
Si se analiza el lenguaje usado en la actualidad, nos encontramos con la utilización de duales aparentes, palabras con diferente significado en masculino y en femenino, siendo éste negativo o despectivo. El DRAE sigue recogiendo determinadas definiciones discriminatorias, que hoy resultan, al menos, parciales. Hay un d esequilibrio en las formas de tratamiento a hombres y a mujeres. Muchas profesiones, fruto de la mayoritaria presencia en ellas de los hombres en el pasado, siguen nombrándose en masculino, en exclusiva. Junto al uso del masculino para la referencia a los varones, hay un uso generalizado del masculino globalizador, el masculino universal, tanto en el uso del plural como en el de determinados conceptos, como hombre .
Con todo ello, se produce ambigüedad en los mensajes, más dificultades para las niñas y las mujeres en la comunicación y una ocultación de las mujeres –androcentrismo- que supone que toda persona es del género masculino a no ser que se especifique lo contrario.
Tras un repaso de las diferentes alternativas difundidas para evitar el sexismo en el lenguaje, se pasa a reflexionar sobre una de ellas, la propuesta de doblar la referencia con el femenino, ante el uso del masculino globalizador, ya que ésta ha resultado ser la orientación más controvertida de todas las que, desde el feminismo, se han hecho. Se expresan los argumentos a favor y en contra de dicha fórmula y se analiza el significado del género gramatical y cómo éste se ha definido por los lingüistas y se ha enseñado en las escuelas.
Por último, se expresan varias conclusiones: a) No hay un corte radical entre el lenguaje y los hechos y situaciones sociales: la lengua es un producto cultural que contribuye a la configuración del pensamiento. b) La lengua castellana –y, en general, las lenguas de nuestro entorno- es sexista. Refleja el sexismo existente en la sociedad y colabora en su mantenimiento. La modificación del uso lingüístico no basta para erradicar la desigualdad entre los sexos, sin embargo, puede influir en la manera de captar y valorar el mundo y, en ese sentido, contribuir a reducir la fuerza del sexismo. c) La mayor parte de los rasgos sexistas son problemas relativos al uso del lenguaje y su modificación no ofrece grandes resistencias. Sin embargo, la propuesta del doblete sí es problemática porque violenta el principio de economía y genera un lenguaje molesto y antinatural. d) Resultaría pertinente la repetición de determinado término en masculino y en femenino en determinados casos: en el caso de los vocativos, o cuando es necesario para el sentido de la frase, pero, en muchas ocasiones, su uso puede obedecer, sin más, a la expresión de “lo políticamente correcto” que, en la práctica, oculta una realidad ‘dura o malsonante', es decir, el eufemismo que sirve de tapadera de discriminaciones sexistas más importantes.
En definitiva, la ponente piensa que, modificando ciertos aspectos del lenguaje, sin violentar la gramática, es posible, deberíamos hacer lo posible por procurar el avance social de las mujeres y colaborar en evitar su discriminación.
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