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Resumen de la Ponencia

"TRABAJOS Y TIEMPOS: LA CONSIDERACIÓN DEL TRABAJO Y LOS USOS DIFERENCIALES DE LOS TIEMPOS "

CRISTINA GARCÍA SAINZ

 

Se hace un análisis histórico del concepto de trabajo, comenzando por las sociedades primitivas, no estructuradas por el trabajo, donde las actividades de subsistencia son escasas; después por las sociedades griega y romana, donde el trabajo era propio de esclavos, mientras que la política, la guerra y el ejercicio intelectual serán las actividades propias de los hombres libres. Con el cristianismo, el trabajo adquiere una categoría más elevada, se rompe con la división entre trabajo manual y trabajo intelectual que habían mantenido griegos y romanos y se trata de dar una valoración positiva a ambos trabajos, al trabajo servil y al trabajo libre. La Reforma de Lutero considera e l trabajo como un deber, una obligación y, a la vez, como un honor, en tanto que es un servicio al prójimo, y la ociosidad y la pereza no pueden tolerarse, en tanto que se oponen a la labor practicada por el Creador.

Los descubrimientos científicos de la Edad Moderna van a tener importantes implicaciones en la consideración del trabajo, Ya no interesa si el trabajo es fatiga o esfuerzo, sino lo medible del trabajo. Y será a partir de los textos de los primeros economistas (Smith, Malthus, Mill, Ricardo y Marx) donde quedará fraguada la noción de trabajo que tenemos en la actualidad. Se distinguirá entre trabajo productivo -el que crea riqueza, genera salario y proporciona una ganancia para el patrón- y trabajo improductivo, el llamado por Malthus ‘ servicios personales' . En el análisis marxista trabajo productivo es únicamente aquél que produce capital. Y existen otras formas de trabajo que tienen lugar en la sociedad capitalista y que no pueden ser clasificadas como productivas ni como improductivas, como el caso del trabajo doméstico.

En 1934, Margaret Reid define el trabajo doméstico como el conjunto de "actividades no remuneradas que son realizadas por y para los miembros del hogar, que podrían ser sustituidas por bienes mercantiles o servicios remunerados, si circunstancias tales como la renta, la coyuntura del mercado y los gustos personales permitieran delegar el servicio a alguna persona ajena al hogar". En los años sesenta-setenta se inició el tratamiento del estatus que merecía el trabajo doméstico, posibilitando un cambio en la consideración que había tenido hasta entonces. Naciones Unidas, tras la Conferencia Mundial de México celebrada en 1975, anunció su propósito de hacer visible la situación de las mujeres y mostrar, a través de indicadores económicos de actividad, el trabajo que ellas realizan. Tras la Conferencia de Beijing (1995) los gobiernos asumieron el compromiso de "Conocer y formular métodos para determinar el valor cuantitativo del trabajo no remunerado que realizan las mujeres, mediante cuentas satélite acordes con las cuentas nacionales básicas".

Mediante el concepto carga global de trabajo, se pone de manifiesto que las economías de los países funcionan gracias a un trabajo que se realiza en el mercado, pero también fuera de él. Es el resultado de sumar el trabajo remunerado y el no remunerado. Los estudios realizados sobre el valor del trabajo no remunerado, a partir de cuentas satélite, muestran que la producción doméstica no mercantil viene a suponer entre un 30 y un 50%, aproximadamente, del PIB en los ámbitos en los que se ha calculado. La actividad laboral de las mujeres aumenta, lo cual unido a la estabilidad general en el reparto de tareas domésticas provoca que, en conjunto la carga global de trabajo femenina sea superior a la que tienen los varones en, prácticamente, todos los países.

Las encuestas sobre uso del tiempo proporcionan información sobre cómo mujeres y hombres invierten su tiempo. Así se puede conocer que, en relación con otros países europeos, las mujeres españolas (con 4 horas y 41 minutos diarios) están entre las que más tiempo dedican al trabajo doméstico. Los hombres españoles, por el contrario, dedican una media de 1 hora y 34 minutos diarios a tareas domésticas, cuando, en el resto de los países, los varones emplean como mínimo 2 horas y 15 minutos.

De acuerdo con la Encuesta CSIC sobre Uso del Tiempo en España (2003), las mujeres realizan el 58,9% de toda la carga global de trabajo (trabajo remunerado y no remunerado) mientras que los varones realizan el 41,1% restante. En horas de dedicación diarias, las mujeres dedican 7 horas y 7 minutos al trabajo, en su conjunto, mientras que los varones emplean en el mismo 6 horas y 13 minutos. Entre los y las jóvenes, la participación y la dedicación a ambos tipos de trabajo marca ya diferencias a edades tempranas, lo cual es un dato significativo a la hora de considerar que la adquisición de roles de género se verifica ya en la adolescencia, mucho antes de su entrada en el mercado de trabajo o de la formación de una familia.

Estos datos aportan una información, tan elemental como valiosa, acerca de cómo funcionan las sociedades en cuanto al trabajo desempeñado por la población y muestran que, de todo el tiempo invertido en trabajo, el que corresponde a trabajo no remunerado, supera, en general, en la mayor parte de los países, al empleado en actividades laborales.

 

 

 
 
 
 
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