Resumen de la Ponencia
"QUÍMICA Y ALQUIMIA EN LA COCINA"
NÚRIA SOLSONA i PAIRÓ
Los saberes y prácticas que se desarrollan en la cocina están estrechamente relacionados con los conocimientos químicos. Así, preparar un café con leche consiste en obtener una disolución; hacer una bocadillo es preparar una mezcla y cuando se hace un flan se obtiene un coloide... Pero en la cocina, además de la práctica y las experiencias, se realiza un trabajo relacionado con el amor y con el cuidado. Es toda esta parte, ligada a los sentidos, más espiritual, la que podríamos considerar alquimia de la cocina. A lo largo de los siglos, la escuela ha ido modificando el tipo de conocimientos a transmitir, en función de las necesidades de la cultura dominante en cada momento histórico y de las necesidades del sistema productivo, pero siempre fueron concebidos con un enfoque androcéntrico. El sujeto creador de conocimiento se considera únicamente masculino, los temas prefijados en los contenidos escolares, los problemas que se estudian, los contextos de aprendizaje son los propios de la experiencia masculina, limitándose así la formación de la personalidad y la educación de chicas y chicos, en función de sendos patrones de cultura femenina y masculina a los que deben adaptarse.
Nuestra experiencia busca la inclusión de los saberes de las mujeres asociados al cuidado en el conocimiento escolar, potencia la autonomía de todas las personas y apuesta por equilibrar la participación de hombres y mujeres en los ámbitos doméstico y laboral. Consigue, además, que, desde el primer momento, las chicas sean conscientes de que ellas son las protagonistas del nuevo enfoque de la Química.
Una de las ventajas de cambiar el contexto de aprendizaje de la química en la ESO, es el de sustituir el laboratorio escolar por una cocina- laboratorio: es llevar la vida a la clase de Química.
La relación que se establece en clase de Química de la cocina tiene tres dimensiones, por lo menos. Una primera dimensión es la relación humana y de trabajo en grupos entre el alumnado. Una segunda dimensión es la relación entre el alumnado y la profesora, que posibilita potenciar los saberes que posee el alumnado, especialmente las chicas, de manera que sean capaces de ponerlos en juego en el trabajo en la cocina. Una tercera dimensión es la relación con los saberes. Evidentemente, las chicas y los chicos aportan los saberes de la vida relacionados con la cocina, unos saberes que se han considerado femeninos, pero además, puesto que no deja de ser una clase de Química, establecemos relación con el conocimiento abstracto.
En la clase de Tutoría se complementa lo que se realiza en la de Química. Ahora se trata de analizar la realidad en la distribución del trabajo de cuidado en casa, averiguar las ideas del alumnado sobre la supervivencia o autonomía personal y la práctica del cuidado, qué entienden por distribución equitativa del trabajo de cuidado entre los sexos y se evalúa lo que creen que saben sobre habilidades o destrezas relacionadas con las prácticas de cuidado.
A continuación se exponen varias prácticas educativas para fomentar la autonomía individual de niñas y niños y reconocer la autoridad del trabajo de cuidado: Huevo cocido o pasado por agua y huevo duro, Tortilla a la francesa, Huevo frito, Huevo espumado o poché, Mayonesa y Soufflés.
|